De repente despertaste de un sueño, en que todo era perfectamente fácil.
Que nos entendamos, es comprensible.
Que me guste mirarme en tus ojos, es vanidad.
Que tenga miedo, es irracional.
Que mi yo interno te acepte tanto como lo que ves, no es visible.
Que nos hayamos encontrado y tenga que explicarme cómo y si ahora es el momento, se volatiliza.
Sólo guardo con celo esa frialdad que cala mis huesos de manera brutal y resquebrajante.
Sólo siento como se rompió lo que tarda mil años en ser cuajado.
Sólo siento como pierdo lo que está tan escondido que puede jamás volver a ser visto.
Y sí, a veces soy una montaña rusa, y a mí tampoco me gusta, pero a veces necesito bajar, y volver a subir, para ver lo que perdí, y lo que gané.
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