martes, 24 de marzo de 2015

El río grande plateado inflinito.

De la vida refleja, la contemplación esbelta, el fulgor del fuego y el metal en el agua...
Ahí estuvimos tú y yo, donde por fin me iluminé, y aunque no estuve preparada para compartir en forma de amor, si supe que recordaría ese momento para siempre, como el despertar a la luz, tras la negrura insípida.
El sol era iluminado en nuestro mar de espejos, tuve ganas de abrazarte, pero sólo pude hacerlo con el tiempo.
Supe que había esperanza, que siempre habrá salida, que encontraría un camino y volvería a sentir la libertad, reflejada en la vida de mi río grande plateado e infinito.
Ahora veo esa imagen, tu favorita, mi trampolín entre el pasado y el futuro, mi anclaje en el presente.
Y sé porque amé.

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