Buscaba el mayor tesoro y no encontraba nada, un vacío.
Aquí no hay nada, ni lo habrá nunca. - Se dijo-. Y desde entonces no tuvo nombre.
Los alcornoques seguían su instinto entre las ramas y las venas enraizadas, hacía aire y era difícil no hacerlo.
-¡Busquemos aquí!-dijeron quiénes jugaban a no encontrar.
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