Avanzo lentamente. Salgo del laberinto del fango. Con ayuda, sin ella. Me fastidia haber visto algo en tí que no era real. Me fastidia tener que tapar los ojos cuando vuelvo a verlo. Hacer como que no veo nada. Dejarme engañar, por mí misma. Y no ver que todo está en la mente. No hay nada más. O lo que haya, no puede convertirse en nada. Y me hará daño, mientras siga luchando por ello.
Cansa un poco, pero, al menos, estoy sembrando algo.
La nada; un día; me habrá hecho fuerte y libre.
Realmente no dan ganas de ver nada más. Pero la vida seguirá mostrando espejismos, realidades paralelas, y lo que le deje. No nací roca. O sí.
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