Los llamé y no acudieron.
El auxilio se frondoseaba, alérgico e impune.
Acaso no escucharían, o siquiera recibieron alguna misiva.
Se trató con desinformación, y era una vela que vomitaba cera. Caliente, pluriforme, holográfica.
Los llamé y no acudieron.
El auxilio se frondoseaba, alérgico e impune.
Acaso no escucharían, o siquiera recibieron alguna misiva.
Se trató con desinformación, y era una vela que vomitaba cera. Caliente, pluriforme, holográfica.
No puedo soñar con lo que quiero, lo escondí, por si era imposible, nunca saberlo.
Dónde está mi objetivo, si lo enterré, para adaptarme al de otros.
De qué trabajar, si no creo.
Quizá ya no tengo energía y prefiero mirar a otro lado, y el miedo seguirá insuflando su veneno. Haz lo que debas, complace, tú no eres nadie.
Toca llenar de letras algunos silencios.
No hay necesidad de preguntarse porqué ( o eso creo haber aprendido de tí).
Ha ido evolucionando, y no quería transmitirlo aquí, pero alguna vez dudo de la cordura en algunos de nuestros actos.
Cada vez siento cosas diferentes y, aunque el miedo se disipa, lo que va a en adelante no parece decrecer.
Ensucié el ambiente diciendo que tenía el control, sólo para abrirle la puerta a lo que ha venido, algo diferente, porque en esta vida, no se puede hablar.
Y no puedo darle nombre. No puedo enmascararlo porque es evidente, en realidad, sólo puedo seguir viviendolo ; si me dejas, claro.
No deje que se vaya el carro, ande.